Salenas cronopi@s

Friday, July 21, 2006

Mega y Canal 13: cómplices de la propagación del VIH/SIDA en Chile

Los medios de comunicación chilenos, específicamente los canales de televisión Mega y Canal 13, no cumplieron con su rol y responsabilidad de informar a la sociedad. Ambas estaciones se negaron a proyectar la campaña de prevención del SIDA, implementada por el Gobierno, en septiembre del año pasado. Estos dos canales de TV se excusaron en que la estrategia era vulgar. Sin embargo, al no emitir los spots que promueven el uso del preservativo, ellos fueron incapaces de abandonar su carga ideológica, imponiendo sus propios principios y valores morales a los televidentes.

La Iglesia Católica tiene responsabilidad directa con lo anterior, ya que interviene de una u otra forma en las líneas editoriales de estos dos medios, ya sea omitiendo o censurando la campaña de difusión del preservativo. Gracias a la postura retrógrada y moralista de la Iglesia, quitan a la ciudadanía el derecho a la libre información y el contagio del VIH se hace más latente en nuestro país.

Hoy, el mundo alberga a más de 40 millones de seropositivos, el doble que en 2001. El Gobierno está al tanto de esta situación es por esto que decidió crear una campaña preventiva más fuerte y directa. Justamente pretende disminuir el número de contagiados con VIH en Chile. Sin embargo, Mega y Canal 13, no están dispuestos a emitir los spots preventivos elaborados por el Ministerio de Salud.

Mega, Canal 13 y la Iglesia Católica, quien también es opositora a la promoción del uso del condón, llaman a los chilenos a la abstinencia y pareja sexual única como medidas de prevención. Por otro lado Mario Becerra, presidente de Sidacción, declaró: “es muy difícil que el Estado pueda entregarle a la gente fidelidad y abstinencia”[1]. Lo que sí puede conferir el Estado al pueblo chileno, es la información necesaria para que las personas prevengan el virus.

En conclusión, los medios de comunicación deben hacer prevalecer los principios de autonomía y objetividad y sumarse a la entrega de información de las políticas públicas de salud (como el uso del condón), más allá de su línea editorial y orientación moral e ideológica.

[1] Valenzuela, O. “Campaña del sida: lenguaje directo ofusca a derecha e Iglesia”. Diario Siete 7. 7de Octubre. Página 7.

Wednesday, June 07, 2006

El archivo en el estado de dominación

Los actores que nos presenta el archivo judicial son, sin duda, individuos que en muchos textos historiográficos no están presentes; que no son constructores de la historia oficial, aquella que trasciende en el tiempo y funda un sentido común en torno a los hechos, porque sus acciones no marcaron un hito para la edificación o cambio de la historia. Sin embargo, ellos forman parte de la cotidianeidad de las acciones humanas, más bien de las acciones que comete el segmento popular de la población de Francia en el Siglo XVIII, grupo destinado a llenar las páginas que sistematizan el desorden social de la época, tiempo cronológico controlado por la contraparte interesada –justamente- en perpetuar las cualidades negativas de quienes se transforman en un peligro para su propiedad y voluntad. El archivo judicial se transforma en el único documento historiográfico que da relevancia a actos fragmentados, donde sus protagonistas no son participes de hazañas “que alimentan el alma nacional” y menos merecedores de la condición de héroe.

En su génesis, el archivo judicial no fue concebido como un documento-fuente de la historia, sino como un objeto de apoyo a la administración de justicia, hecho por el cual, podemos señalar que no existía una base teórica previa a su existencia, o por lo menos una metodología que pensara al archivo como un respaldo a la veracidad de los fenómenos que en él se aluden. Demostración de esto, es que en el archivo se registran hechos que no siempre representan el interés general de la comunidad: “El archivo no escribe páginas de historia. Describe con palabras de todos los días lo irrisorio y lo trágico en el mismo tono, en el cual lo importante para la administración es saber quienes son los responsables y cómo castigarlos” . En síntesis, es un apoyo para quien dicta condena, independiente del valor histórico de ésta.

Cada archivo, en el fondo, puede ser entendido como una fuente de la historia personal de quien alude o de sujetos que tienen como elemento común el acto que rompe con la normalidad de la conducta humana. Sin embargo, como fuente, deja vacíos en la relación de quien construye el archivo, entre el escribano y el lector; no hay espacio a la comprobación empírica de la información que en él registran, se acumulan todos los relatos, sin considerar ni analizar los fenómenos que conducen a una persona “a decir algo”. El escribano omite y da pie a sus propias interpretaciones, no considera formas ni contextos. En el fondo, puedo señalar que el archivo como fuente de la historia puede dar paso a interpretaciones subjetivas; transformándose en un acopio de datos verbales o discursos, no en un conjunto de verdades. Ante todo, siempre priman los testimonios de los individuos ordinarios: el no héroe.

¿El Lugarteniente (policía), es un escribano? ¿En la relación del lugarteniente con el Rey, no hay espacio al sometimiento y una disposición que lo hace un actor merecedor de desconfianzas por parte del pueblo o la muchedumbre? La respuesta a esta interrogante deja de manifiesto un trato desigual, basado en las lógicas de intercambio e intereses, donde, además, la diferencia de clases sociales marca los patrones normativos a seguir entre unos y otros hombres. La relación de dependencia directa del lugarteniente hacia el Rey lo constituye en una mirada parcial y no profunda de los hechos. Esto no sólo habla de una problemática contractual, sino que instala el rol de escribano en un plano de desconfianza, de potencial distorsionador de la realidad, a favor de la clase dominante.

Desde esta perspectiva, la introducción de un método a la función del escribano conduce a la instalación de mínimas garantías de imparcialidad, metodología ausente en el Siglo XVIII. Es necesario señalar que el Lugarteniente es un sujeto con historia, experiencia de vida, carga anímica, ideología y capacidad de juicio: con una conciencia histórica. El policía-escribano se mantiene, por tanto, siempre en un plano de interpretación subjetiva, situación que se acrecienta ante la ausencia de una matriz metodológica que le permita mantener su objetividad frente a los hechos. En contraposición a esto, en la actualidad, se vuelve imprescindible la utilización de un método científico para la construcción de la historia, que nos permita mantener nuestra posición objetiva frente a los hechos, pero además, filtrar y validar cada uno de los datos y contenidos que se transformarán en verdad histórica.

Arlette Farge señala: “Lo real del archivo se convierte no sólo en huella sino también en planificación de las figuras de la realidad: y el archivo siempre mantiene una cantidad de relaciones con lo real” . Efectivamente, el archivo habla de la realidad, de la realidad como un campo de acción donde se desenvuelven todo tipo de hechos, pero no aclara la veracidad de los relatos que aquí se registran. Por la propia ausencia de un técnica clara en la función del escribano, éste no es capaz de discernir entre lo real y lo ficticio.

En conclusión, el archivo judicial del Siglo XVIII fue construido para registrar las fechorías y las malas conductas de la clase popular, y de todo grupo que estuviese por fuera de la elite o clase dominante. Son estos mismos quienes elaboran el archivo judicial y a la vez quienes lo utilizan como herramienta o elemento de prueba, y finalmente en base a su propia creación dictaminan sentencia. El archivo judicial, en esta época, no es más que la expresión material de un Estado coercitivo, y un elemento de poder y control social de una clase sobre otra. O sea un estado de dominación.

Saturday, May 13, 2006

Sin título

Cuan anchos son los caminos, se recorren en confianza aunque las vueltas a veces se ponen peligrosas. Bolsas de papel tuvimos en nuestra habitación, llena de ellas se encontraba, el ruido era agradable, dos millones de esferas incontables rodeaban el ambiente, el aire era turbio no era por nuestra culpa, el problema de recordar es la tristeza en la que caigo aunque ahora ya no encuentro que sea malo, ante si lo pensaba, aunque la noche es larga no es fría, ya no se encuentran papeles en el suelo, la ropa esta tirada por todos lados y no la recojo.... no me aturdo cuando choco con el piso después de vaciar la caja, y es tranquilo sentir la voy de nadi, pero fome. Por eso invito a alguien conocido a pasar la noche conmigo, me sentiré a gusto lejos de la angustia por no sentir culpa por nadie, por nada excepto por mi. Las dimenciones pierden sentido en un cuarto tan cálido siempre dispuesto al sol, con montañas que saludan en la mañana y se despiden en el atardecer. A veces me arrojo en algún libro a descansar.

Escrito por Nicólas Osses...
Te quiero mucho

Saturday, February 25, 2006

Lucas, sus pudores

En los departamentos de ahora ya se sabe, el invitado va al baño y los otros siguen hablando de Biafra y de Michel Foucault, pero hay algo en el aire como si todo el mundo quisiera olvidarse de que tiene oídos y al mismo tiempo las orejas se orientan hacia el lugar sagrado que naturalmente en nuestra sociedad encogida está apenas a tres metro del lugar donde se desarrollan estas conversaciones de alto nivel, y es seguro que a pesar de los esfuerzos que hará el invitado ausente para no manifestar sus actividades, y los de los contertulios para activar el volumen del diálogo, en algún momento reverberará uno de esos sordos ruidos que oír se dejan en las circunstancias menos indicadas, o en el mejor de los casos el rasguido patético de un papel higiénico de calidad ordinaria cuando se arranca una hoja del rollo rosa o verde. Si el invitado que va al baño es Lucas, su horror sólo puede compararse a la intensidad del cólico que lo ha obligado a encerrarse en el ominoso reducto. En ese horror no hay neurosis ni complejos, sino la certidumbre de un comportamiento intestinal recurrente, es decir que todo empezará lo mas bien, suave silencioso, pero ya al final, guardando la misma relación de la pólvora con los perdigones en un cartucho de caza, una detonación más bien horrenda hará temblar los cepillos de dientes en sus soportes y agitarse la cortina de plástico de la ducha. Nada puede hacer Lucas para evitarlo; ha probado todos los métodos, tales como inclinarse hasta tocar el suelo con la cabeza, echarse hacia atrás al punto de que los pies rozan la pared de enfrente, ponerse de costado e incluso, recurso supremo, agarrarse las nalgas y separarlas lo más posible para aumentar el diámetro del conducto proceloso. Vana es la multiplicación de silenciadores tales como echarse sobre los muslos todas las toallas al alcance y hasta las salidas de baño de los dueños de casa; prácticamente siempre, al término de lo que hubiera podido ser una agradable transferencia, el pedo final prorrumpe tumultuoso. Cuando le toca a otro ir al baño, Lucas sufre por él pues está seguro que de un segundo a otro resonará el primer halalí de la ignominia; lo asombra un poco que la gente no parezca preocuparse demasiado por cosas así, aunque es evidente que no están desatentas de lo que ocurre e incluso lo cubren con choques de cucharitas en las tazas y corrimientos de sillones totalmente inmotivados. Cuando no sucede nada, Lucas se siente feliz y pide de inmediato otro coñac, al punto que termina por traicionarse y todo el mundo se da cuenta de que había estado tenso y angustiado mientras la señora de Broggi cumplimentaba sus urgencias. Cuán distinto, piensa Lucas, de la simplicidad de los niños que se acercan a la mejor reunión y anuncian: Mamá, quiero caca. Qué bienaventurado, piensa a continuación Lucas, el poeta anónimo que compuso aquella cuarteta donde se proclama que no hay placer más exquisito / que cagar bien despacito / ni placer más delicado / que después de haber cagado. Para remontarse a tales alturas ese señor debía estar excento de todo peligro de ventosidad intempestiva o tempestuosa, a menos que el baño de su casa estuviera en el piso de arriba o fuera esa piecita de chapas de zinc separada del rancho por una buena distancia. Ya instalado en el terreno poético, Lucas se acuerda del verso del Dante en el que los condenados avevan dal cul fatto trombetta, y con esta remisión mental a la más alta cultura se considera un tanto disculpado de meditaciones que poco tienen que ver con lo que está diciendo el doctor Berenstein a propósito de la ley de alquileres.

Friday, February 17, 2006

Famas, Esperanzas y Cronopios

Cada actor, es miembro de un conjunto, de una sociedad, siempre responde a una construcción personal de sujeto, la que, sin cuestionamientos, estamos ciertos, también es consecuencia no sólo a factores intrínsecos en la condición de ser humano sino, que, además, son parte de una totalidad, de una multiplicidad de factores y condiciones presentes en cada acción no sólo individual, sino, más importante aún, en las de nuestro entorno. En resumen, un sujeto no se constituye por sí solo, y así vemos en el cuento “Historias de cronopios y de famas” de Julio Cortázar, donde observamos 3 tipos de seres humanos muy diferentes entre sí: las famas, las esperanzas y los cronopios.

Los primeros son seres que buscan permanentemente la racionalidad, al creer que ésta, es el motor de una vida íntegra. La exagerada formalidad de las famas no permita observar y disfrutar la simplicidad de la vida. La neurosis, su mayor característica, las embarga de miedos y obsesiones, con el objetivo de ser mejores que el resto, produciéndoles un enorme sufrimiento. A pesar de todo esto la sociedad las acoge cariñosamente y son el tipo de modelo a seguir, por considerarlas “ordenas” y “correctas”.

La esperanzas - por su parte- son personas comunes y corrientes (como diría mi abuelo), las que nadie nota y uno tiende a olvidar rápidamente. Su vida no es más que una rutina larga, plana y fome. Siempre sumándose a la mayoría, incapaces de persuadir a alguien; es más personas como las famas y los cronopios, las persuaden diariamente.
Las esperanzas son personas resignadas, no dan la pelea, por ésta razón siempre pierden, pero jamás salen lastimadas, son sujetos irrelevantes para la sociedad.

Y por último, los maravillosos cronopios, seres humanos al fin y al cabo, desordenados, alegres, soñadores, que no sólo duermen, comen y trabajan ( como las famas y esperanzas), sino que a la vez, buscan la alegría utilizando esa locura tan particular; locura imprevisible e imprescindible. Y con esto los cronopios concientemente desplazan a las demás personas, apoderándose de las distintas situaciones.
Los sujetos como los cronopios destruyen y reconstruyen todos los principios éticos y morales por parecerles estructurados. Un cronopio odia lo real y lo práctico, por no permitirle ser libres. Así llegamos a la esencia de un cronopio, LA LIBERTAD. Una persona sin libertad deja inmediatamente de ser un cronopio y pasa a ocupar cualquier otra categoría del ser humano; fama o esperanza.

Thursday, February 16, 2006

Historia

Un cronopio pequeñito buscaba la llave de la puerta de calle en la mesa de luz, la mesa de luz en el dormitorio, el dormitorio en la casa, la casa en la calle. Aquí se detenía el cronopio, pues para salir a la calle precisaba la llave de la puerta.